Ha llegado el calor y con él la necesidad de escondernos

Cuando llegan las primeras olas de calor, la ciudad se transforma. Bajamos persianas, buscamos sombras, evitamos las horas centrales del día y reducimos nuestros movimientos a lo imprescindible. El calor nos obliga a refugiarnos. Quizá por eso el verano también es un buen momento para revisar nuestros refugios digitales.

Hace unos días leía que Gmail está empezando a permitir cambiar la dirección de correo electrónico sin necesidad de crear una cuenta nueva. Una función que durante años parecía imposible y que responde a una realidad bastante común: muchos seguimos utilizando una dirección de correo que creamos hace décadas, cuando internet era otro lugar y nosotros también éramos otras personas.

Hay algo curioso en esto. Cambiamos de casa, de trabajo, de intereses e incluso de ciudad, pero seguimos entrando cada mañana en una dirección de correo que elegimos con veinte años. Como si ciertas habitaciones digitales quedaran congeladas en el tiempo.

El calor invita a esconderse, pero también a hacer limpieza. A revisar qué queremos conservar y qué ya no nos representa. Quizá no se trate de cambiar de identidad digital, sino de permitir que evolucione con nosotros.

Porque a veces el refugio perfecto no es el que construimos hace años, sino el que somos capaces de adaptar al presente.

(Quieres saber cómo hacerlo? mira el post de Trecebits)

cambio direccion Gmail

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