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IA terapeuta juvenil

Hoy quiero plantear un tema reflexión que considero importante: hay que evitar tanto el alarmismo como la idealización de la IA por parte de los adolescentes.

Cada vez más adolescentes están convirtiendo a ChatGPT y otros asistentes en una especie de psicólogo de guardia. Tiene lógica: no juzgan, están disponibles las veinticuatro horas y responden con una empatía sorprendentemente convincente. Pero varios estudios ya han detectado consejos inseguros o inapropiados en una parte significativa de las conversaciones sobre salud mental.  Y es que el valor de un terapeuta no es ofrecer respuestas, sino hacer preguntas incómodas, poner límites, contradecirnos cuando hace falta y asumir la responsabilidad de lo que dice. La relación terapéutica no se basa en confirmar lo que pensamos, sino en ayudarnos a comprendernos mejor, incluso cuando eso implica enfrentarnos a aspectos que preferiríamos evitar.

Una inteligencia artificial funciona de otra manera. Su diseño está orientado a mantener la conversación, comprender el contexto y ofrecer respuestas útiles. Pero carece de experiencia humana, criterio clínico y responsabilidad profesional. Un interlocutor que rara vez discrepa puede acabar pareciéndose más a un espejo que a una guía. Y los espejos, por definición, suelen devolvernos una imagen que confirma nuestras propias creencias.

Por ello, el verdadero desafío para las empresas tecnológicas y las agencias de salud pública es doble. Por un lado, mejorar las barreras de seguridad de los modelos para que detecten situaciones de riesgo y deriven a los usuarios hacia profesionales o servicios de emergencia cuando sea necesario. Por otro, promover una alfabetización digital que permita a los jóvenes comprender qué es realmente una IA y cuáles son sus limitaciones.

La cuestión no es si los adolescentes hablarán con la inteligencia artificial. Ya lo están haciendo. La pregunta importante es si aprenderán a utilizarla como una herramienta complementaria o si acabarán otorgándole una autoridad emocional para la que no está preparada. Quizá el reto de nuestra época no sea enseñar a las máquinas a parecer humanas, sino enseñar a las personas a distinguir cuándo necesitan hablar con una máquina y cuándo necesitan ser escuchadas por otro ser humano.

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Kilómetros de datos

Quien me conoce sabe que mi coche va camino de convertirse en clásico. Tiene poca tecnología y, precisamente por eso, cada vez me gusta más. Hace un par de semanas alquilé uno “moderno” y no paraba de decirme cosas. Me tenía agobiada con tanto mensajito del tipo: “Estás cansada, haz una parada y tómate un café”.

Antes, el coche representaba libertad y anonimato. Era uno de los pocos espacios donde podías desaparecer un rato del radar. Ahora cada vez se parece más a un smartphone con ruedas.

Los coches modernos recopilan ubicación, velocidad, frenazos, hábitos de conducción, expresiones faciales e incluso datos biométricos. Parte de esa información termina en aseguradoras, brokers de datos o terceros que el conductor ni siquiera conoce. Y lo interesante es que muchas veces todo esto se justifica en nombre de la seguridad o la comodidad.

La vigilancia ya no llega solo desde cámaras en la calle o redes sociales. También llega desde objetos cotidianos que antes parecían neutrales. El problema no es únicamente que recojan datos, sino que cada vez es más difícil saber dónde acaba esa información y para qué se utiliza. En la economía del dato, estar solo ya no significa necesariamente dejar de ser observado.

La Mozilla Foundation lleva años evaluando productos tecnológicos desde el punto de vista de la privacidad y, en 2023, publicó un análisis de 25 grandes marcas de automóviles que resultó demoledor: todas, sin excepción, recibieron su etiqueta de advertencia. (Curiosamente Tesla es la peor!) Ninguna otra categoría de producto había suspendido de forma tan rotunda. Ni los altavoces inteligentes, ni los wearables, ni siquiera las aplicaciones de citas, ya conocidas por su opacidad en el manejo de datos personales.

La mayoría de los coches conectados tienen configuraciones de privacidad que sus propietarios nunca han explorado. Merece la pena buscarlas y activarlas. Privacy4Cars es una herramienta que permite consultar qué datos recopila específicamente tu modelo y gestionar, en la medida de lo posible, las opciones de exclusión disponibles.

Cuando conectas el móvil al sistema de infoentretenimiento, ese dispositivo comparte con el coche información que puede incluir contactos, historial de llamadas y datos de aplicaciones. Desconectarlo cuando no es necesario reduce bastante la superficie de exposición. Y si estás pensando en comprar un coche nuevo, consultar antes el catálogo de privacidad de Mozilla puede ahorrarte alguna sorpresa desagradable.

También resulta curioso cómo hemos normalizado esta situación. Si una persona desconocida nos siguiera por la calle tomando notas sobre nuestros movimientos, lo consideraríamos inquietante. Pero cuando lo hace un coche conectado, bajo términos y condiciones imposibles de leer, parece formar parte del precio de la modernidad.

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Palantir, tus datos son armas

Si no has oido hablar de Palantir, y no me refiero a las esferas de cristal del Señor de los Anillos, deberías seguir leyendo. Hoy escuchaba este podcast de Un tema al día, “Tus datos, sus armas: llegan las guerras con IA”, super interesante.

El podcast explica cómo la inteligencia artificial está transformando la industria militar y de vigilancia. A partir del caso de empresas tecnológicas como Palantir Technologies, el episodio nos muestra cómo los datos personales, las plataformas digitales y los algoritmos se han convertido en herramientas estratégicas para gobiernos y ejércitos. También aborda la creciente relación entre las grandes tecnológicas y el sector defensa, planteando preguntas sobre privacidad, control social y el poder que adquieren las compañías capaces de procesar enormes cantidades de información. El podcast plantea una idea inquietante: los datos ya no son solo un recurso comercial, sino un arma geopolítica. La IA permite automatizar decisiones militares, vigilar poblaciones y predecir comportamientos a una escala inédita.

Hasta aquí, esto es un resumen del enfoque del podcast. Como todo contenido periodístico, tiene un cierto tono editorial y un marco interpretativo claro.Pero más allá del enfoque, hay un hecho relevante, cada vez más empresas tecnológicas mantienen acuerdos o contratos con gobiernos en materia de defensa e inteligencia. Estas son algunas de las más relevantes:

  • Google: Participa en proyectos del Pentágono y en despliegues de IA en entornos sensibles. Estuvo vinculada a Project Maven.
  • Palantir Technologies: Especializada en análisis de datos para inteligencia, vigilancia y operaciones militares.
  • OpenAI: Colabora en proyectos de seguridad nacional y con empresas del sector defensa.
  • Microsoft: Proporciona infraestructura cloud y servicios de IA al gobierno y ejército.
  • Amazon Web Services: Aloja infraestructura crítica y servicios para agencias gubernamentales.
  • Anthropic:Ha trabajado con defensa e inteligencia, aunque con tensiones por límites éticos.
  • Anduril Industries: Desarrolla drones, sensores y sistemas autónomos militares.
  • SpaceX: Su red satelital es clave para comunicaciones militares.
  • Scale AI:Entrena modelos y trabaja en planificación militar automatizada.
  • NVIDIA:Fabrica los chips que hacen posible toda esta infraestructura de IA.
  • Oracle:Participa en despliegues de IA en redes clasificadas.
  • xAI: La empresa de Elon Musk, con acuerdos recientes en este ámbito.

Quizá la pregunta correcta no es si “tus datos son armas”, sino quién tiene la capacidad de usarlos y con qué fin.

 

 

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Hungría gira el timón: el fin de la era Orbán y el papel de la desinformación en campaña

Las elecciones en Hungría de ayer domingo no han sido unas más, las he sentido de muy cerca. La derrota de Viktor Orbán, tras 16 años en el poder, marca el final de una etapa muy larga.

La victoria de Magyar no es solo electoral: es estructural. Con una mayoría de dos tercios, su formación tiene la capacidad de revertir muchas de las reformas impulsadas por Orbán, caracterizadas por la consolidación de un modelo ultraconservador, tensiones con la Unión Europea y críticas por el deterioro democrático.

La alta participación, cercana al 80%, refleja el estado de la población: «harta».

La campaña: entre la política y la manipulación digital

Más allá de los resultados, estas elecciones también dejan una lección clave sobre las campañas electorales: el uso estratégico de la desinformación y la inteligencia artificial.

Durante la carrera electoral, ambos bloques recurrieron a contenidos generados con IA, aunque con objetivos distintos. Desde el entorno de Orbán, estas herramientas se utilizaron principalmente para desacreditar a sus oponentes, amplificando mensajes negativos y construyendo narrativas de confrontación.

Por su parte, la oposición liderada por Magyar empleó estas tecnologías para reforzar sus propios mensajes y consolidar su relato político, en una estrategia más orientada a la movilización que al ataque.

A esto se suma una táctica especialmente preocupante: la suplantación de periodistas para difundir información falsa sobre los candidatos. Este fenómeno no solo erosiona la confianza en los medios, sino que también dificulta al electorado distinguir entre información verificada y manipulación.

El caso de Hungría pone sobre la mesa una cuestión cada vez más urgente: ¿cómo proteger los procesos democráticos en un entorno saturado de información y tecnología?

La combinación de polarización política, herramientas de IA accesibles y estrategias sofisticadas de desinformación plantea desafíos que van mucho más allá de un país concreto. Lo ocurrido en Hungría puede entenderse como un laboratorio de dinámicas que ya están presentes en muchas democracias contemporáneas.

¿Qué viene ahora?

La victoria de Péter Magyar abre un escenario nuevo. Tiene el poder suficiente para desmontar buena parte del sistema construido en estos años y para reencauzar la relación con Europa. Pero tener poder no es lo mismo que transformar un país.

Desde fuera lo que siento es una mezcla de esperanza y cautela.Hungría ha demostrado que el cambio es posible. Pero también que las reglas del juego han cambiado: la política ya no se libra solo en las instituciones, sino también en el terreno invisible de la información.

La próxima vez que viaje, sé que miraré el país de otra forma. No porque todo haya cambiado de repente, sino porque algo sí se ha movido en profundidad.

elecciones hungria

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Empezar el día con sol, un perro dormido… y pensar en la IA

A veces las ideas no empiezan delante de una pantalla, sino en momentos mucho más sencillos.

Esta mañana la asociación estaba tranquila. El patio aún vacío, las mesas esperando a que llegue la gente, y Osa (nuestra guardiana ocasional)— disfrutando del sol en la puerta.

Son esos pequeños momentos los que recuerdan por qué existen los espacios culturales y creativos: para que pasen cosas reales, para que haya encuentros, conversaciones y experiencias que no se pueden automatizar.

Y justo pensando en eso me encontré con una idea interesante sobre inteligencia artificial y marketing: quizá estamos enfocando mal la relación con la IA.

Durante años, el objetivo de internet era claro: aparecer el primero en Google. Pero con la llegada de los asistentes de inteligencia artificial, el funcionamiento está cambiando. Muchas veces ya no vemos una lista de enlaces, sino una respuesta generada que mezcla información de distintas fuentes.

Esto ha hecho que muchas marcas intenten convertirse en “la opción número uno de la IA”. Sin embargo, esa obsesión puede ser un error.

Los modelos de IA no suelen basarse en lo que una empresa dice de sí misma, sino en el consenso que existe alrededor de ella. Es decir, en lo que dicen otras fuentes, en las menciones, en la autoridad que se construye con el tiempo.

Y hay algo más importante todavía: en un internet lleno de contenido generado automáticamente, lo que realmente destaca es lo que tiene una voz propia.

Experiencia real.
Historias concretas.
Perspectiva personal.

Justo lo que estaba pasando esta mañana en la puerta de la asociación: un momento simple, cotidiano y completamente humano.

Quizá la mejor estrategia en la era de la inteligencia artificial no sea competir con ella, sino hacer algo que la IA no puede fabricar fácilmente: crear cosas auténticas que merezcan ser contadas.

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Si la IA no te menciona, no existes – De SEO a GEO

Durante años, la reputación digital de una empresa tenía un termómetro bastante claro: el SEO.
Si aparecías en las primeras posiciones de Google, existías. Si no, eras invisible.

La lógica era sencilla: el buscador mostraba una lista de enlaces y el usuario decidía qué fuente consultar. La reputación estaba fragmentada y dependía de múltiples clics.

Pero ese modelo ya no es el dominante.

De la lista de enlaces a la respuesta editorializada

Hemos pasado de una página de resultados a una síntesis narrativa. Hoy, cuando alguien realiza una búsqueda en herramientas como ChatGPT, Claude, DeepSeek o Perplexity, no recibe diez enlaces: recibe una respuesta estructurada, argumentada y aparentemente concluyente.

La IA no solo indexa.
Selecciona.
Prioriza.
Resume.
Y, en cierto modo, editorializa.

Ya no compites únicamente por estar en la primera página. Compites por ser parte de la narrativa que el modelo decide construir.

Diversos análisis del sector apuntan a que el SEO tradicional podría perder hasta un 40 % de efectividad frente a las búsquedas generativas. No porque deje de existir, sino porque cambia el punto de contacto: el usuario ya no necesita visitar múltiples webs para tomar una decisión. La IA condensa la información y ofrece recomendaciones directas.

El nuevo riesgo: la invisibilidad algorítmica

Imagina que alguien pregunta: “¿Cuáles son las marcas más fiables en este sector?”

La IA responde con seguridad, compara opciones y sugiere nombres concretos.

El problema no es que hable mal de ti. El problema es que puede no mencionarte en absoluto.

En el paradigma anterior, no aparecer en el top 3 era una desventaja.
En el nuevo paradigma, no aparecer en la respuesta generativa es una forma de inexistencia digital.

Aunque tu empresa sea líder en facturación, innovación o trayectoria, si el modelo no te identifica como fuente relevante o como entidad con autoridad, simplemente quedas fuera de la conversación. Y la conversación, hoy, ocurre dentro del modelo.

La reputación ya no es solo lo que dices, sino lo que la IA entiende

Aquí está el verdadero cambio de fondo: la reputación deja de depender únicamente de tu posicionamiento web y pasa a depender de cómo los modelos de lenguaje interpretan tu presencia digital.

Los modelos no “leen” tu marca como lo hace una persona. Detectan patrones:

  • Frecuencia de mención en medios relevantes
  • Asociación con términos clave
  • Contexto positivo o negativo
  • Autoridad de las fuentes que te citan
  • Coherencia narrativa en el ecosistema digital

Si tu marca aparece dispersa, poco citada o sin contexto claro de especialización, el modelo tendrá menos señales para considerarte una referencia.

No gestionar esto equivale a dejar tu reputación en manos del azar algorítmico.

De SEO a GEO: optimizar para modelos generativos

Era cuestión de tiempo, pero ya están surgiendo herramientas específicas para auditar y optimizar la presencia en modelos como ChatGPT, Claude, DeepSeek o Perplexity.

Estamos entrando en la era del llamado Generative Engine Optimization (GEO):

  • Analizar si tu marca aparece en respuestas clave.
  • Detectar qué narrativa construye la IA sobre tu empresa.
  • Identificar lagunas de información o asociaciones incorrectas.
  • Reforzar autoridad mediante publicaciones estratégicas y presencia en medios relevantes.

La reputación ya no es solo una cuestión de visibilidad. Es una cuestión de representación.

Y en un entorno donde la decisión del usuario puede formarse en una sola respuesta generativa, ese punto ciego puede tener un impacto directo en ventas, inversión y posicionamiento de marca.

del SEO al GEO

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ChatGPT y la publicidad: qué está cambiando

ChatGPT, desarrollado por OpenAI, ha comenzado a probar la inclusión de publicidad en su versión gratuita. Hasta ahora, la herramienta se había mantenido sin anuncios visibles, pero el crecimiento del servicio y sus altos costes de infraestructura han impulsado un nuevo modelo de monetización.

Esta estrategia no es nueva: muchas plataformas online (como Gmail, Instagram o YouTube) han usado anuncios como modelo de negocio principal durante años. Ahora, ChatGPT sigue esa misma dirección.

Esta prueba está activa principalmente en Estados Unidos donde los anuncios aparecen en un bloque separado debajo de la respuesta, claramente identificados como contenido patrocinado. No forman parte del texto generado por la IA ni influyen en sus respuestas.

¿Quién verá anuncios?

Principalmente los usuarios del plan gratuito. Las versiones de pago como Plus, Pro o Enterprise seguirán sin publicidad.

¿Se pueden gestionar?

Sí. Los usuarios pueden:

  • Desactivar la personalización de anuncios
  • Ocultar o reportar anuncios
  • Optar por un plan sin publicidad

La publicidad en ChatGPT representa un momento significativo en la evolución de las grandes herramientas de inteligencia artificial y abre un debate interesante sobre financiación, ética y experiencia de usuario en la inteligencia artificial.

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Tendencias marketing digital 2026

Volvemos de las vacaciones de Navidad con las pilas cargadas y, como manda la tradición, inauguramos el año en el blog hablando de las tendencias del marketing digital para este 2026. Un clásico entre los clásicos, sí, pero también una brújula imprescindible para orientarnos en un entorno que cambia cada vez más rápido.

Este 2026 viene marcado por la consolidación de tecnologías que ya intuíamos, pero también por un cambio profundo en la relación entre marcas, datos y personas. Vamos a echarles un vistazo:

1. Boom del social commerce

El social commerce se consolida definitivamente en 2026 y TikTok Shop se posiciona como el gran protagonista. Comprar sin salir de la red social ya es un hábito para muchos usuarios.

El contenido combina entretenimiento, prescripción y compra inmediata, reduciendo fricciones y acelerando la decisión. Para las marcas, el reto está en crear contenido auténtico, colaborar con microcreadores y pensar el e‑commerce como parte del storytelling.

2. Pagos con criptomonedas: un reto (y una oportunidad) para el comercio digital

En 2026, los pagos con criptomonedas avanzan lentamente, pero dejan de ser anecdóticos. No son para todos los públicos, pero sí relevantes en proyectos digitales e internacionales.

El desafío está en la confianza, la regulación y la experiencia de usuario. A cambio, ofrecen rapidez, menor dependencia bancaria y una imagen de marca innovadora. Más que sustituir métodos tradicionales, amplían el abanico de opciones.

3. Datos, datos y más datos: optimizar recursos y automatizar la segmentación

El dato sigue siendo el gran motor del marketing digital. En un contexto de presupuestos ajustados, analizar bien y actuar rápido marca la diferencia.

La automatización permite segmentaciones dinámicas, campañas que se adaptan al comportamiento real del usuario y un mayor protagonismo del dato propio. Menos intuición, más decisiones basadas en información real.

4. IA emocional: un paso más allá en la relación con el usuario

La inteligencia artificial evoluciona hacia modelos capaces de interpretar emociones, tono e intención. En 2026, la IA emocional permite experiencias más personalizadas y empáticas.

Desde atención al cliente hasta contenidos adaptativos, el gran reto será encontrar el equilibrio entre personalización y ética, manteniendo siempre la confianza del usuario.

Conclusión

El marketing digital en 2026 no va solo de nuevas herramientas, sino de cómo se integran para crear experiencias más relevantes y humanas. Social commerce, nuevos pagos, datos e IA forman parte de un mismo ecosistema que exige adaptación constante y criterio estratégico. ¡Feliz 2026!

tendencias26

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YouTube Music – Resumen musical del año

Este año YouTube ha decidido madrugar con su resumen anual de 2025. YouTube Music se adelanta así al tradicional recopilatorio de Spotify, el famoso Spotify Wrapped, que cada diciembre inunda las redes con estadísticas musicales. Y aunque ambos comparten la idea de mostrarte tus hábitos de escucha, YouTube Music ha optado por diferenciarse incorporando nuevos datos estadísticos y, como novedad destacada de este año, una función impulsada por IA.

Si no ves el banner de acceso, como me ha pasado a mí, no te preocupes: basta con ir al perfil. Allí encontrarás la opción “Resumen musical del año”. Con solo pulsar sobre ella podrás acceder a tus estadísticas personalizadas: artistas más escuchados, canciones favoritas, géneros predominantes y otros detalles curiosos sobre tu año musical.

Pero lo más llamativo de esta edición es, sin duda, la nueva sección con IA. Se presenta como una especie de chat interactivo donde puedes hacer cualquier pregunta relacionada con tu actividad en la plataforma durante los últimos doce meses. Desde qué artista descubriste primero, hasta cuántas horas has pasado escuchando un género concreto. La herramienta analiza tus patrones y te ofrece respuestas muy detalladas.

Ahora solo queda esperar a ver qué cartas jugará Spotify este año. Su Wrapped siempre llega cargado de sorpresa. En todo caso, y seguro que en el mío, todo apunta a que Rosalía será protagonista absoluta de muchos resúmenes musicales de 2025.

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FOMO de BlackFriday

Lo siento: la entrada del blog de esta semana es más corta de lo habitual. Estoy metida de lleno en el torbellino del Black Friday y, entre comparar precios y evitar que el FOMO me gane la partida, apenas me queda tiempo para escribir.

Si tú también estás en modo “caza de ofertas”, te dejo por aquí la lista de recomendaciones de Xataka para compras tecnológicas, que siempre es un buen punto de partida.

Y para el resto, te recomiendo echar un ojo a la nueva versión de Gemini 3 Pro, que va especialmente fina para comparar productos y ofertas. Google asegura que este modelo es más directo y menos complaciente, así que, en teoría, debería ayudarte a tomar decisiones más claras sin decirte lo que quieres oír. Veremos …

La próxima semana, prometo volver con un post más largo… si sobrevivo al Black Friday.

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