Archivo mensual: mayo 2026

Kilómetros de datos

Quien me conoce sabe que mi coche va camino de convertirse en clásico. Tiene poca tecnología y, precisamente por eso, cada vez me gusta más. Hace un par de semanas alquilé uno “moderno” y no paraba de decirme cosas. Me tenía agobiada con tanto mensajito del tipo: “Estás cansada, haz una parada y tómate un café”.

Antes, el coche representaba libertad y anonimato. Era uno de los pocos espacios donde podías desaparecer un rato del radar. Ahora cada vez se parece más a un smartphone con ruedas.

Los coches modernos recopilan ubicación, velocidad, frenazos, hábitos de conducción, expresiones faciales e incluso datos biométricos. Parte de esa información termina en aseguradoras, brokers de datos o terceros que el conductor ni siquiera conoce. Y lo interesante es que muchas veces todo esto se justifica en nombre de la seguridad o la comodidad.

La vigilancia ya no llega solo desde cámaras en la calle o redes sociales. También llega desde objetos cotidianos que antes parecían neutrales. El problema no es únicamente que recojan datos, sino que cada vez es más difícil saber dónde acaba esa información y para qué se utiliza. En la economía del dato, estar solo ya no significa necesariamente dejar de ser observado.

La Mozilla Foundation lleva años evaluando productos tecnológicos desde el punto de vista de la privacidad y, en 2023, publicó un análisis de 25 grandes marcas de automóviles que resultó demoledor: todas, sin excepción, recibieron su etiqueta de advertencia. (Curiosamente Tesla es la peor!) Ninguna otra categoría de producto había suspendido de forma tan rotunda. Ni los altavoces inteligentes, ni los wearables, ni siquiera las aplicaciones de citas, ya conocidas por su opacidad en el manejo de datos personales.

La mayoría de los coches conectados tienen configuraciones de privacidad que sus propietarios nunca han explorado. Merece la pena buscarlas y activarlas. Privacy4Cars es una herramienta que permite consultar qué datos recopila específicamente tu modelo y gestionar, en la medida de lo posible, las opciones de exclusión disponibles.

Cuando conectas el móvil al sistema de infoentretenimiento, ese dispositivo comparte con el coche información que puede incluir contactos, historial de llamadas y datos de aplicaciones. Desconectarlo cuando no es necesario reduce bastante la superficie de exposición. Y si estás pensando en comprar un coche nuevo, consultar antes el catálogo de privacidad de Mozilla puede ahorrarte alguna sorpresa desagradable.

También resulta curioso cómo hemos normalizado esta situación. Si una persona desconocida nos siguiera por la calle tomando notas sobre nuestros movimientos, lo consideraríamos inquietante. Pero cuando lo hace un coche conectado, bajo términos y condiciones imposibles de leer, parece formar parte del precio de la modernidad.

Kilómetros de datos

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La desinformación es una forma de ganar dinero

Internet prometía democratizar el acceso a la información. Sin embargo, dos décadas después, gran parte del ecosistema digital funciona bajo una lógica distinta: captar atención a cualquier precio. En ese contexto, la desinformación se ha convertido en un negocio rentable. Una investigación reciente de Maldita.es explica cómo algunas plataformas digitales están permitiendo que contenidos engañosos, sensacionalistas o directamente falsos generen ingresos económicos para sus creadores. Y no solo eso: las propias plataformas también obtienen beneficios gracias a esa viralidad.

Viralidad significa dinero

En plataformas como YouTube, TikTok, Facebook o Instagram, la atención se convierte en ingresos. Más visitas significan: más anuncios, más visualizaciones, más monetización y más crecimiento de audiencia.

La contradicción es importante: oficialmente las plataformas afirman combatir la desinformación, pero en la práctica muchos de esos contenidos continúan visibles, recomendados y monetizados. Las plataformas no aplican sus propias reglas y son opacas.

La economía de la atención necesita contenido extremo

La desinformación no triunfa solo porque existan personas dispuestas a creer bulos. También triunfa porque encaja perfectamente en el modelo económico de las plataformas. Cuanto más impactante es un vídeo, más tiempo permanece el usuario conectado. Y cuanto más tiempo permanece conectado, más rentable resulta para la plataforma.

Por eso los algoritmos tienden a amplificar:

  • titulares alarmistas,
  • teorías conspirativas,
  • contenidos polarizantes,
  • vídeos manipulados,
  • publicaciones emocionalmente agresivas.

El problema no es únicamente tecnológico. Es estructural.

El negocio de la indignación

Quizá el aspecto más preocupante es que la desinformación ya no necesita convencer ideológicamente para ser útil. Basta con que genere clics. En la economía digital actual, la indignación se ha convertido en un recurso económico. Y mientras los algoritmos continúen premiando el contenido más extremo, seguirá existiendo un incentivo directo para producir desinformación.

La pregunta ya no es únicamente cómo detectar bulos. La verdadera cuestión es: ¿qué ocurre cuando el sistema entero obtiene beneficios gracias a ellos?

desinformación es una forma de ganar dinero

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Palantir, tus datos son armas

Si no has oido hablar de Palantir, y no me refiero a las esferas de cristal del Señor de los Anillos, deberías seguir leyendo. Hoy escuchaba este podcast de Un tema al día, “Tus datos, sus armas: llegan las guerras con IA”, super interesante.

El podcast explica cómo la inteligencia artificial está transformando la industria militar y de vigilancia. A partir del caso de empresas tecnológicas como Palantir Technologies, el episodio nos muestra cómo los datos personales, las plataformas digitales y los algoritmos se han convertido en herramientas estratégicas para gobiernos y ejércitos. También aborda la creciente relación entre las grandes tecnológicas y el sector defensa, planteando preguntas sobre privacidad, control social y el poder que adquieren las compañías capaces de procesar enormes cantidades de información. El podcast plantea una idea inquietante: los datos ya no son solo un recurso comercial, sino un arma geopolítica. La IA permite automatizar decisiones militares, vigilar poblaciones y predecir comportamientos a una escala inédita.

Hasta aquí, esto es un resumen del enfoque del podcast. Como todo contenido periodístico, tiene un cierto tono editorial y un marco interpretativo claro.Pero más allá del enfoque, hay un hecho relevante, cada vez más empresas tecnológicas mantienen acuerdos o contratos con gobiernos en materia de defensa e inteligencia. Estas son algunas de las más relevantes:

  • Google: Participa en proyectos del Pentágono y en despliegues de IA en entornos sensibles. Estuvo vinculada a Project Maven.
  • Palantir Technologies: Especializada en análisis de datos para inteligencia, vigilancia y operaciones militares.
  • OpenAI: Colabora en proyectos de seguridad nacional y con empresas del sector defensa.
  • Microsoft: Proporciona infraestructura cloud y servicios de IA al gobierno y ejército.
  • Amazon Web Services: Aloja infraestructura crítica y servicios para agencias gubernamentales.
  • Anthropic:Ha trabajado con defensa e inteligencia, aunque con tensiones por límites éticos.
  • Anduril Industries: Desarrolla drones, sensores y sistemas autónomos militares.
  • SpaceX: Su red satelital es clave para comunicaciones militares.
  • Scale AI:Entrena modelos y trabaja en planificación militar automatizada.
  • NVIDIA:Fabrica los chips que hacen posible toda esta infraestructura de IA.
  • Oracle:Participa en despliegues de IA en redes clasificadas.
  • xAI: La empresa de Elon Musk, con acuerdos recientes en este ámbito.

Quizá la pregunta correcta no es si “tus datos son armas”, sino quién tiene la capacidad de usarlos y con qué fin.

 

 

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May the 4th

Hoy es mi cumpleaños y me he ido a jugar a la petanca.

Ahí lo dejo…

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