Sobreexposición digital en tiempos de guerra

Estoy sufriendo una sobreexposición digital en tiempos de guerra. El nivel de acceso a la información a través de las redes sociales nos permite conocer casi inmediatamente qué ocurre en cualquier otra parte del mundo sin filtros, sin edición y sin intermediarios. Desde que Rusia inició la invasión de Ucrania el 24 de febrero, las redes se han llenado de periodistas y fotógrafos anónimos que relatan la ofensiva con una minuciosidad e inmediatez nunca antes vista. Este fenómeno ha provocado una sobreexposición al material bélico que no ha tardado en mostrar sus efectos en nuestra salud mental.

Según la revista Ethic “Tenemos derecho a sentir ansiedad ante la incertidumbre, culpabilidad por sabernos privilegiados y compasión ante el sufrimiento del prójimo; pero también pecamos –en mayor o menor medida– de ese complejo del ‘salvador blanco’: nuestra ayuda va ligada a una posición de superioridad moral. A este abanico de matices se suma la herida emocional de la pandemia. Cuando estábamos empezando a ver la luz al final del túnel, se produce una nueva desgracia social. «¿Qué más nos puede pasar?», se preguntan los pesimistas. «Qué asco de trilogía la de 2020, 2021 y 2022», ironizan quienes utilizan el humor como mecanismo de defensa. En ambos casos hay un sentimiento compartido: la sensación de que no podemos dar más de nosotros mismos.”

Bueno, por desgracia a los ciudadanos rusos no les pasa lo mismo, los han desconectado de todo, lo último ha sido de Instagram. Los medios de comunicación tradicionales están totalmente dirigidos, unido al control que se ejerce sobre los medios digitales: el buscador Yandex, VK y otras redes sociales, y al uso masivo de bots o de campañas de influencers; ha logrado que una parte importante de la población rusa mantenga el apoyo a Putin y siga creyendo en tesis como que la guerra de Ucrania era imprescindible para librar al país de un supuesto régimen nazi, que los ucranianos están recibiendo a sus libertadores con los brazos abiertos, y que las sanciones internacionales son producto de algún tipo de confabulación anti-rusa.

Para intentar hacerles llegar otros puntos de vista, el mundo ha ideado métodos imaginativos, utilizando redes no creadas para este propósito: como Tinder, TripAvisor… redes como Anonymous han hackeado canales de televisión e incluso un grupo de programadores polacos ha puesto en marcha una página, 1920.in (cuyo título hace referencia a la guerra entre Rusia y Polonia) en la que cualquier usuario puede enviar un mensaje en ruso, a móviles rusos elegidos al azar de una base de datos.

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