Después de unas semanas de contenerme a hablar sobre el coronavirus, ahora ha llegado el momento. En primer lugar hay que mencionar el parón económico y la transformación e innovación productiva que se está dando en Asia.
Cuando hablo de transformación e innovación productiva me refiero a muchas empresas chinas productoras de teléfonos y coches que están virando su producción a la de mascarillas y productos desinfectantes, y plataformas de e-commerce que ofrecen servicios gratis. Incluso las empresas del mundo del lujo están donando a la cruz roja china.
Pero al lado de esta explosión filantrópica o de CRS, también hay una tensión en relación al modelo político de cómo gestionar la epidemia y a sus ciudadanos. En China el peaje es la restricción de libertades y un mayor control social gracias a apps que identifican, analizan y
clasifican a sus ciudadanos. Unas medidas que no habrían sido posibles en una democracia:
- Cámaras térmicas.
- App que clasifica a las personas en 3 colores: verde, amarillo y rojo.
App de rastreo de los movimientos de las personas “Una aplicación de móvil que explota así el big data en manos del gobierno y que es accesible apenas con escanear un código QR en las populares plataformas chinas WeChat o Alipay. El único requisito es enviar el nombre, el número de teléfono y el número de identificación y, tras cruzar los diferentes datos a los que tiene acceso, ya puede advertir si se camina por un lugar con peligro de ser infectado, o si se ha viajado cerca de personas infectadas, también si se trata de miembros de la familia o de pasajeros y tripulación de un mismo tren o avión. Es más, incluso permite buscar números de identificación diferentes y saber si son un riesgo de salud. La extrapolación de estas app de control sanitario al incipiente sistema de crédito social puede provocar, además, que algunos colectivos sean marginados y aislados socialmente”.
Dependiendo de cómo se maneje la crisis del coronavirus por estos lares, el mensaje que promoverá el gobierno chino será las bondades de su sistema sobre el de los modelos occidentales.
La tasa Google es un impuesto contra la elusión fiscal por el que las multinacionales de la economía digital como el propio buscador que lleva su nombre, Facebook, Apple o Amazon deberán tributar con un 3% de sus ingresos en los países que hacen negocios en lugar de llevarse los beneficios a otros paraísos de baja fiscalidad. Esa ingeniería fiscal tan de moda desde ya hace unos años y que no solo ha sido utilizada por las empresas tecnológicas, lo que es más grave es que también ha sido usada por empresas productoras de bienes en el suelo estatal.
Pero ¿qué pasa para el resto de los mortales que somos de Android?

En nuestro país existe la creencia popular de que Telegram es más seguro que Whatsapp, y de hecho, la primera ha tenido un gran aumento del número de usuarios en los últimos tiempos por esta razón.
Durante 2019 WhatsApp estuvo de lo más ocupado introduciendo novedades en su aplicación, pero será este 2020 cuando se implante la más temida y que más puede afectar a nuestra vida cotidiana: la amenaza de la publicidad está al caer. Se habla del proyecto “Status Ads” que colará los anuncios primero en los estados, luego en las stories y finalmente en los chats. La pinta será similar a los anuncios en las stories de Instagram, una imagen que ocupa la pantalla entera y que dirige a la web del anunciante.

