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Empezar el día con sol, un perro dormido… y pensar en la IA

A veces las ideas no empiezan delante de una pantalla, sino en momentos mucho más sencillos.

Esta mañana la asociación estaba tranquila. El patio aún vacío, las mesas esperando a que llegue la gente, y Osa (nuestra guardiana ocasional)— disfrutando del sol en la puerta.

Son esos pequeños momentos los que recuerdan por qué existen los espacios culturales y creativos: para que pasen cosas reales, para que haya encuentros, conversaciones y experiencias que no se pueden automatizar.

Y justo pensando en eso me encontré con una idea interesante sobre inteligencia artificial y marketing: quizá estamos enfocando mal la relación con la IA.

Durante años, el objetivo de internet era claro: aparecer el primero en Google. Pero con la llegada de los asistentes de inteligencia artificial, el funcionamiento está cambiando. Muchas veces ya no vemos una lista de enlaces, sino una respuesta generada que mezcla información de distintas fuentes.

Esto ha hecho que muchas marcas intenten convertirse en “la opción número uno de la IA”. Sin embargo, esa obsesión puede ser un error.

Los modelos de IA no suelen basarse en lo que una empresa dice de sí misma, sino en el consenso que existe alrededor de ella. Es decir, en lo que dicen otras fuentes, en las menciones, en la autoridad que se construye con el tiempo.

Y hay algo más importante todavía: en un internet lleno de contenido generado automáticamente, lo que realmente destaca es lo que tiene una voz propia.

Experiencia real.
Historias concretas.
Perspectiva personal.

Justo lo que estaba pasando esta mañana en la puerta de la asociación: un momento simple, cotidiano y completamente humano.

Quizá la mejor estrategia en la era de la inteligencia artificial no sea competir con ella, sino hacer algo que la IA no puede fabricar fácilmente: crear cosas auténticas que merezcan ser contadas.

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Si la IA no te menciona, no existes – De SEO a GEO

Durante años, la reputación digital de una empresa tenía un termómetro bastante claro: el SEO.
Si aparecías en las primeras posiciones de Google, existías. Si no, eras invisible.

La lógica era sencilla: el buscador mostraba una lista de enlaces y el usuario decidía qué fuente consultar. La reputación estaba fragmentada y dependía de múltiples clics.

Pero ese modelo ya no es el dominante.

De la lista de enlaces a la respuesta editorializada

Hemos pasado de una página de resultados a una síntesis narrativa. Hoy, cuando alguien realiza una búsqueda en herramientas como ChatGPT, Claude, DeepSeek o Perplexity, no recibe diez enlaces: recibe una respuesta estructurada, argumentada y aparentemente concluyente.

La IA no solo indexa.
Selecciona.
Prioriza.
Resume.
Y, en cierto modo, editorializa.

Ya no compites únicamente por estar en la primera página. Compites por ser parte de la narrativa que el modelo decide construir.

Diversos análisis del sector apuntan a que el SEO tradicional podría perder hasta un 40 % de efectividad frente a las búsquedas generativas. No porque deje de existir, sino porque cambia el punto de contacto: el usuario ya no necesita visitar múltiples webs para tomar una decisión. La IA condensa la información y ofrece recomendaciones directas.

El nuevo riesgo: la invisibilidad algorítmica

Imagina que alguien pregunta: “¿Cuáles son las marcas más fiables en este sector?”

La IA responde con seguridad, compara opciones y sugiere nombres concretos.

El problema no es que hable mal de ti. El problema es que puede no mencionarte en absoluto.

En el paradigma anterior, no aparecer en el top 3 era una desventaja.
En el nuevo paradigma, no aparecer en la respuesta generativa es una forma de inexistencia digital.

Aunque tu empresa sea líder en facturación, innovación o trayectoria, si el modelo no te identifica como fuente relevante o como entidad con autoridad, simplemente quedas fuera de la conversación. Y la conversación, hoy, ocurre dentro del modelo.

La reputación ya no es solo lo que dices, sino lo que la IA entiende

Aquí está el verdadero cambio de fondo: la reputación deja de depender únicamente de tu posicionamiento web y pasa a depender de cómo los modelos de lenguaje interpretan tu presencia digital.

Los modelos no “leen” tu marca como lo hace una persona. Detectan patrones:

  • Frecuencia de mención en medios relevantes
  • Asociación con términos clave
  • Contexto positivo o negativo
  • Autoridad de las fuentes que te citan
  • Coherencia narrativa en el ecosistema digital

Si tu marca aparece dispersa, poco citada o sin contexto claro de especialización, el modelo tendrá menos señales para considerarte una referencia.

No gestionar esto equivale a dejar tu reputación en manos del azar algorítmico.

De SEO a GEO: optimizar para modelos generativos

Era cuestión de tiempo, pero ya están surgiendo herramientas específicas para auditar y optimizar la presencia en modelos como ChatGPT, Claude, DeepSeek o Perplexity.

Estamos entrando en la era del llamado Generative Engine Optimization (GEO):

  • Analizar si tu marca aparece en respuestas clave.
  • Detectar qué narrativa construye la IA sobre tu empresa.
  • Identificar lagunas de información o asociaciones incorrectas.
  • Reforzar autoridad mediante publicaciones estratégicas y presencia en medios relevantes.

La reputación ya no es solo una cuestión de visibilidad. Es una cuestión de representación.

Y en un entorno donde la decisión del usuario puede formarse en una sola respuesta generativa, ese punto ciego puede tener un impacto directo en ventas, inversión y posicionamiento de marca.

del SEO al GEO

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ChatGPT y la publicidad: qué está cambiando

ChatGPT, desarrollado por OpenAI, ha comenzado a probar la inclusión de publicidad en su versión gratuita. Hasta ahora, la herramienta se había mantenido sin anuncios visibles, pero el crecimiento del servicio y sus altos costes de infraestructura han impulsado un nuevo modelo de monetización.

Esta estrategia no es nueva: muchas plataformas online (como Gmail, Instagram o YouTube) han usado anuncios como modelo de negocio principal durante años. Ahora, ChatGPT sigue esa misma dirección.

Esta prueba está activa principalmente en Estados Unidos donde los anuncios aparecen en un bloque separado debajo de la respuesta, claramente identificados como contenido patrocinado. No forman parte del texto generado por la IA ni influyen en sus respuestas.

¿Quién verá anuncios?

Principalmente los usuarios del plan gratuito. Las versiones de pago como Plus, Pro o Enterprise seguirán sin publicidad.

¿Se pueden gestionar?

Sí. Los usuarios pueden:

  • Desactivar la personalización de anuncios
  • Ocultar o reportar anuncios
  • Optar por un plan sin publicidad

La publicidad en ChatGPT representa un momento significativo en la evolución de las grandes herramientas de inteligencia artificial y abre un debate interesante sobre financiación, ética y experiencia de usuario en la inteligencia artificial.

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Tendencias marketing digital 2026

Volvemos de las vacaciones de Navidad con las pilas cargadas y, como manda la tradición, inauguramos el año en el blog hablando de las tendencias del marketing digital para este 2026. Un clásico entre los clásicos, sí, pero también una brújula imprescindible para orientarnos en un entorno que cambia cada vez más rápido.

Este 2026 viene marcado por la consolidación de tecnologías que ya intuíamos, pero también por un cambio profundo en la relación entre marcas, datos y personas. Vamos a echarles un vistazo:

1. Boom del social commerce

El social commerce se consolida definitivamente en 2026 y TikTok Shop se posiciona como el gran protagonista. Comprar sin salir de la red social ya es un hábito para muchos usuarios.

El contenido combina entretenimiento, prescripción y compra inmediata, reduciendo fricciones y acelerando la decisión. Para las marcas, el reto está en crear contenido auténtico, colaborar con microcreadores y pensar el e‑commerce como parte del storytelling.

2. Pagos con criptomonedas: un reto (y una oportunidad) para el comercio digital

En 2026, los pagos con criptomonedas avanzan lentamente, pero dejan de ser anecdóticos. No son para todos los públicos, pero sí relevantes en proyectos digitales e internacionales.

El desafío está en la confianza, la regulación y la experiencia de usuario. A cambio, ofrecen rapidez, menor dependencia bancaria y una imagen de marca innovadora. Más que sustituir métodos tradicionales, amplían el abanico de opciones.

3. Datos, datos y más datos: optimizar recursos y automatizar la segmentación

El dato sigue siendo el gran motor del marketing digital. En un contexto de presupuestos ajustados, analizar bien y actuar rápido marca la diferencia.

La automatización permite segmentaciones dinámicas, campañas que se adaptan al comportamiento real del usuario y un mayor protagonismo del dato propio. Menos intuición, más decisiones basadas en información real.

4. IA emocional: un paso más allá en la relación con el usuario

La inteligencia artificial evoluciona hacia modelos capaces de interpretar emociones, tono e intención. En 2026, la IA emocional permite experiencias más personalizadas y empáticas.

Desde atención al cliente hasta contenidos adaptativos, el gran reto será encontrar el equilibrio entre personalización y ética, manteniendo siempre la confianza del usuario.

Conclusión

El marketing digital en 2026 no va solo de nuevas herramientas, sino de cómo se integran para crear experiencias más relevantes y humanas. Social commerce, nuevos pagos, datos e IA forman parte de un mismo ecosistema que exige adaptación constante y criterio estratégico. ¡Feliz 2026!

tendencias26

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YouTube Music – Resumen musical del año

Este año YouTube ha decidido madrugar con su resumen anual de 2025. YouTube Music se adelanta así al tradicional recopilatorio de Spotify, el famoso Spotify Wrapped, que cada diciembre inunda las redes con estadísticas musicales. Y aunque ambos comparten la idea de mostrarte tus hábitos de escucha, YouTube Music ha optado por diferenciarse incorporando nuevos datos estadísticos y, como novedad destacada de este año, una función impulsada por IA.

Si no ves el banner de acceso, como me ha pasado a mí, no te preocupes: basta con ir al perfil. Allí encontrarás la opción “Resumen musical del año”. Con solo pulsar sobre ella podrás acceder a tus estadísticas personalizadas: artistas más escuchados, canciones favoritas, géneros predominantes y otros detalles curiosos sobre tu año musical.

Pero lo más llamativo de esta edición es, sin duda, la nueva sección con IA. Se presenta como una especie de chat interactivo donde puedes hacer cualquier pregunta relacionada con tu actividad en la plataforma durante los últimos doce meses. Desde qué artista descubriste primero, hasta cuántas horas has pasado escuchando un género concreto. La herramienta analiza tus patrones y te ofrece respuestas muy detalladas.

Ahora solo queda esperar a ver qué cartas jugará Spotify este año. Su Wrapped siempre llega cargado de sorpresa. En todo caso, y seguro que en el mío, todo apunta a que Rosalía será protagonista absoluta de muchos resúmenes musicales de 2025.

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FOMO de BlackFriday

Lo siento: la entrada del blog de esta semana es más corta de lo habitual. Estoy metida de lleno en el torbellino del Black Friday y, entre comparar precios y evitar que el FOMO me gane la partida, apenas me queda tiempo para escribir.

Si tú también estás en modo “caza de ofertas”, te dejo por aquí la lista de recomendaciones de Xataka para compras tecnológicas, que siempre es un buen punto de partida.

Y para el resto, te recomiendo echar un ojo a la nueva versión de Gemini 3 Pro, que va especialmente fina para comparar productos y ofertas. Google asegura que este modelo es más directo y menos complaciente, así que, en teoría, debería ayudarte a tomar decisiones más claras sin decirte lo que quieres oír. Veremos …

La próxima semana, prometo volver con un post más largo… si sobrevivo al Black Friday.

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Cómo funciona el mundo para engañarnos

Estaba cotilleando en la Grokipedia, la Wikipedia de Elon Musk, y alucinando con el nivel de megalomanía que puede alcanzar este mundo. Muchos de sus artículos provienen directamente de Wikipedia, algunos incluso copiados casi palabra por palabra. La plataforma no permite editar las entradas; los usuarios registrados solo pueden sugerir cambios mediante un pop-up para reportar información errónea.

La crítica no se ha hecho esperar: Grokipedia ha sido descrita como promotora de perspectivas de derechas, teorías conspiratorias y, sobre todo, las opiniones de Elon Musk. También se cuestiona su precisión y sus sesgos, alimentados tanto por las alucinaciones de la IA como por el posible sesgo algorítmico que arrastra. Y, por supuesto, si consultamos la entrada de Grokipedia sobre la propia Wikipedia, descubrimos que la acusa de tener sesgos ideológicos sistémicos, especialmente una tendencia de leve a moderada hacia la izquierda.

Porque, al final, no hay nada como controlar la narrativa, escrita u oral, para convertirla en verdad.

Solemos preocuparnos por la desinformación generada por la inteligencia artificial como si fuera una propiedad emergente: algo accidental que ocurre cuando los modelos alucinan o mezclan datos poco fiables. Pero Grokipedia nos recuerda que la desinformación también puede ser perfectamente intencional. Puede ser programada, seleccionada y sistematizada de forma deliberada. El verdadero peligro de la IA no está en la caja negra. Está en quien la controla y decide qué podemos leer los demás de su interior.

Otro ejemplo, ya más centrado en redes sociales, son esos dulces abuelitos creados con IA que dan consejos de vida. Estos contenidos aprovechan la credibilidad y autoridad asociada a las personas mayores, y la ternura que nos inspiran, para viralizar mensajes sobre valores sociales o incluso política.

Al final, estamos entrando en una era donde la desinformación ya no necesita disfrazarse de error: puede presentarse con voz amable, con interfaz pulida o con la autoridad inventada de una enciclopedia alternativa. Y, si no estamos atentos, acabaremos repitiendo como narrativas propias, las que alguien decidió por nosotros. Por eso, más que temer lo que la IA puede llegar a hacer, deberíamos cuestionar quién la dirige, con qué intereses y a quién sirve. Porque la tecnología no piensa por sí misma… pero sí puede conseguir que dejemos de pensar nosotros.

Cómo funciona el mundo para engañarnos

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Paso a paso camino del Cyborg

Hace unas semanas Nike presentó Amplify, un proyecto que va mucho más allá de la innovación en calzado deportivo. Se trata de una zapatilla motorizada, equipada con sensores y algoritmos de inteligencia artificial capaces de ajustar el movimiento según las necesidades de cada persona. En teoría, promete más potencia, menos fatiga y un rendimiento superior. Una herramienta para corredores medios o para quienes pasan mucho tiempo de pie.

Hasta aquí, podría parecer una evolución lógica en la búsqueda de confort o eficiencia. Sin embargo, Amplify abre un debate más profundo sobre el papel de la tecnología en la experiencia corporal. ¿Queremos realmente que caminar o correr dependan de un algoritmo? ¿Qué ocurre cuando el cuerpo deja de ser protagonista para convertirse en un accesorio del dispositivo?

Nike no se dirige a deportistas de élite, sino a personas comunes que simplemente quieren rendir más. Y ahí está el punto más inquietante: la promesa de un cuerpo aumentado se vuelve cotidiana. Los cyborgs se normalizan.

El discurso de combatir la fatiga o optimizar el esfuerzo parece inocente, pero también es una manera de patologizar la limitación humana. Nos invita a pensar que el cansancio, el desgaste o el ritmo propio del cuerpo son fallos que deben corregirse, no aspectos naturales de nuestra condición.

La tecnología del movimiento, que antaño servía para acompañar al cuerpo (desde una buena suela hasta una plantilla ergonómica), ahora empieza a suplantarlo. Amplify no amplifica tanto nuestras capacidades como la idea de que nunca somos suficientes sin asistencia tecnológica.

Quizás el verdadero reto hoy no sea aumentar el rendimiento, sino reconciliar tecnología y cuerpo desde un lugar más humano, más consciente y menos instrumental. Preguntarnos para qué y para quién se diseñan estos avances podría ser un primer paso para no perder de vista lo esencial: que moverse sigue siendo, antes que nada, un acto profundamente humano.

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Rosalía, Lux y la nueva era del relato digital

Esta semana las redes están “a tope” con el lanzamiento de Lux, el nuevo proyecto de Rosalía. La campaña de marketing, perfectamente “orquestada” con paciencia y misterio, es una experiencia en sí misma. No se trata del lanzamiento de un disco, sino del lanzamiento de un concepto, una narrativa expandida que trasciende la música.

Es el mismo principio que ha convertido a Taylor Swift en una creadora de universos simbólicos o a Bad Bunny en un maestro de la mutación estética. Todos ellos, como Rosalía, entienden que la fidelidad del público no se construye solo con buenas canciones, sino con misterio, participación, comunidad de fans y relato.

Y hablando de lanzamientos, quizá hayáis notado otra novedad esta semana: la inteligencia artificial ha llegado a las stories de Instagram. No se trata de crear stories con IA desde cero, sino de rediseñar las fotos. Un nuevo icono en forma de pluma permite aplicar un restyling instantáneo: puedes añadir, eliminar o transformar elementos escribiendo un prompt, o usar alguno de los efectos predefinidos que propone la aplicación. Por ahora, esta función se limita a las imágenes, aunque en los vídeos ya se pueden probar algunos de esos efectos predefinidos.

Una pequeña muestra de cómo la creatividad y la tecnología siguen cruzando caminos, tanto en el arte de los grandes lanzamientos como en las herramientas cotidianas que usamos para contar nuestras propias historias.

Rosalía, Lux y la nueva era del relato digital

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¿Qué pasa si ChatGPT pasa a ser una plataforma?

OpenAI acaba de lanzar sus «mini-apps». Spotify, Canna, Expedia… ya están aquí. No son simples integraciones. Son micro-mundos operando dentro de ChatGPT.

El objetivo es claro: que no necesites salir del chat para nada. Que el chat lo sea todo. La jugada maestra de OpenAI para convertir a ChatGPT en un sistema operativo con el que hablas. O lo que es lo mismo: el amanecer de la computación agéntica.

Los llaman «conectores». Son los puentes que permiten a ChatGPT enlazar con esas apps de terceros. Buscar archivos, extraer datos, consultar contenido… todo sin moverte de la conversación.

No es una superapp al uso asiático. Es algo más profundo, más ambicioso. Una capa de orquestación que se sitúa por encima de todos los servicios digitales. Si funciona, ChatGPT deja de ser un chatbot para convertirse en la interfaz de internet.

La pregunta es inevitable: ¿veremos empresas pagando por aparecer en las recomendaciones del agente? ¿Un SEO para conversaciones de IA? La historia dice que sí. La diferencia es que esta vez no hay una página de resultados que analizar. La decisión ocurre en la sombra, en el flujo sutil de un diálogo.

OpenAI acumula potencia: más computación, más socios, más integraciones. Pero hay un efecto colateral, y es inquietante: cuanto más simple se vuelve la interfaz, más opaco es el proceso que la sustenta. Y, sin darnos cuenta, más dependientes nos hacemos de ella.

MiniApps

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