Archivo mensual: marzo 2026

Empezar el día con sol, un perro dormido… y pensar en la IA

A veces las ideas no empiezan delante de una pantalla, sino en momentos mucho más sencillos.

Esta mañana la asociación estaba tranquila. El patio aún vacío, las mesas esperando a que llegue la gente, y Osa (nuestra guardiana ocasional)— disfrutando del sol en la puerta.

Son esos pequeños momentos los que recuerdan por qué existen los espacios culturales y creativos: para que pasen cosas reales, para que haya encuentros, conversaciones y experiencias que no se pueden automatizar.

Y justo pensando en eso me encontré con una idea interesante sobre inteligencia artificial y marketing: quizá estamos enfocando mal la relación con la IA.

Durante años, el objetivo de internet era claro: aparecer el primero en Google. Pero con la llegada de los asistentes de inteligencia artificial, el funcionamiento está cambiando. Muchas veces ya no vemos una lista de enlaces, sino una respuesta generada que mezcla información de distintas fuentes.

Esto ha hecho que muchas marcas intenten convertirse en “la opción número uno de la IA”. Sin embargo, esa obsesión puede ser un error.

Los modelos de IA no suelen basarse en lo que una empresa dice de sí misma, sino en el consenso que existe alrededor de ella. Es decir, en lo que dicen otras fuentes, en las menciones, en la autoridad que se construye con el tiempo.

Y hay algo más importante todavía: en un internet lleno de contenido generado automáticamente, lo que realmente destaca es lo que tiene una voz propia.

Experiencia real.
Historias concretas.
Perspectiva personal.

Justo lo que estaba pasando esta mañana en la puerta de la asociación: un momento simple, cotidiano y completamente humano.

Quizá la mejor estrategia en la era de la inteligencia artificial no sea competir con ella, sino hacer algo que la IA no puede fabricar fácilmente: crear cosas auténticas que merezcan ser contadas.

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Quince años escribiendo en un blog o por qué los blogs siguen teniendo sentido en 2026

Mientras escribo este texto, mi blog ha cumplido quince años. Cuando lo abrí no tenía muy claro qué iba a hacer con él. Era simplemente un lugar donde guardar textos, ideas y algunas reflexiones.

Con el tiempo se ha convertido en otra cosa: una especie de archivo personal. Si vuelvo atrás puedo encontrar proyectos que ya olvidaba, intereses que han ido cambiando y preguntas que todavía siguen abiertas. También hay intuiciones que con los años han terminado convirtiéndose en proyectos reales.

Un blog tiene algo de cuaderno y algo de mapa. En él quedan registrados los caminos que uno ha ido recorriendo: lecturas, trabajos, curiosidades, intentos, dudas. No todo lo que se escribe tiene que ser definitivo; a veces basta con dejar una pista, una nota, una observación que quizá tenga sentido más adelante.

Las redes sociales han ido apareciendo y desapareciendo, los formatos cambian, las plataformas se transforman. Pero el blog sigue ahí, creciendo poco a poco, artículo a artículo. Sin prisa y sin demasiado ruido.

Quizá esa sea una de las razones por las que los blogs siguen teniendo sentido: permiten construir algo a largo plazo. Un espacio propio en internet donde las ideas no desaparecen en unas horas, sino que quedan guardadas, esperando a que alguien vuelva a encontrarlas.

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Si la IA no te menciona, no existes – De SEO a GEO

Durante años, la reputación digital de una empresa tenía un termómetro bastante claro: el SEO.
Si aparecías en las primeras posiciones de Google, existías. Si no, eras invisible.

La lógica era sencilla: el buscador mostraba una lista de enlaces y el usuario decidía qué fuente consultar. La reputación estaba fragmentada y dependía de múltiples clics.

Pero ese modelo ya no es el dominante.

De la lista de enlaces a la respuesta editorializada

Hemos pasado de una página de resultados a una síntesis narrativa. Hoy, cuando alguien realiza una búsqueda en herramientas como ChatGPT, Claude, DeepSeek o Perplexity, no recibe diez enlaces: recibe una respuesta estructurada, argumentada y aparentemente concluyente.

La IA no solo indexa.
Selecciona.
Prioriza.
Resume.
Y, en cierto modo, editorializa.

Ya no compites únicamente por estar en la primera página. Compites por ser parte de la narrativa que el modelo decide construir.

Diversos análisis del sector apuntan a que el SEO tradicional podría perder hasta un 40 % de efectividad frente a las búsquedas generativas. No porque deje de existir, sino porque cambia el punto de contacto: el usuario ya no necesita visitar múltiples webs para tomar una decisión. La IA condensa la información y ofrece recomendaciones directas.

El nuevo riesgo: la invisibilidad algorítmica

Imagina que alguien pregunta: “¿Cuáles son las marcas más fiables en este sector?”

La IA responde con seguridad, compara opciones y sugiere nombres concretos.

El problema no es que hable mal de ti. El problema es que puede no mencionarte en absoluto.

En el paradigma anterior, no aparecer en el top 3 era una desventaja.
En el nuevo paradigma, no aparecer en la respuesta generativa es una forma de inexistencia digital.

Aunque tu empresa sea líder en facturación, innovación o trayectoria, si el modelo no te identifica como fuente relevante o como entidad con autoridad, simplemente quedas fuera de la conversación. Y la conversación, hoy, ocurre dentro del modelo.

La reputación ya no es solo lo que dices, sino lo que la IA entiende

Aquí está el verdadero cambio de fondo: la reputación deja de depender únicamente de tu posicionamiento web y pasa a depender de cómo los modelos de lenguaje interpretan tu presencia digital.

Los modelos no “leen” tu marca como lo hace una persona. Detectan patrones:

  • Frecuencia de mención en medios relevantes
  • Asociación con términos clave
  • Contexto positivo o negativo
  • Autoridad de las fuentes que te citan
  • Coherencia narrativa en el ecosistema digital

Si tu marca aparece dispersa, poco citada o sin contexto claro de especialización, el modelo tendrá menos señales para considerarte una referencia.

No gestionar esto equivale a dejar tu reputación en manos del azar algorítmico.

De SEO a GEO: optimizar para modelos generativos

Era cuestión de tiempo, pero ya están surgiendo herramientas específicas para auditar y optimizar la presencia en modelos como ChatGPT, Claude, DeepSeek o Perplexity.

Estamos entrando en la era del llamado Generative Engine Optimization (GEO):

  • Analizar si tu marca aparece en respuestas clave.
  • Detectar qué narrativa construye la IA sobre tu empresa.
  • Identificar lagunas de información o asociaciones incorrectas.
  • Reforzar autoridad mediante publicaciones estratégicas y presencia en medios relevantes.

La reputación ya no es solo una cuestión de visibilidad. Es una cuestión de representación.

Y en un entorno donde la decisión del usuario puede formarse en una sola respuesta generativa, ese punto ciego puede tener un impacto directo en ventas, inversión y posicionamiento de marca.

del SEO al GEO

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